La Crítica dice…

 

“Carmen Charro y Felipe de Madariaga han seguido una trayectoria bastante parecida  de premios y certámenes,  y su pintura tiene ciertos puntos comunes. Señalemos, aún a riesgo de parecer parciales, que Carmen se muestra más madura, su pintura es más  sólida  (esa solidez y seguridad es, por otra parte, lo que más directamente identifica su trabajo) y su currículum  más amplio. Como contrapartida, Felipe es más imaginativo, acaso más  inquieto también y sus cuadros dejan traslucir una intención que inmediatamente despierta interés.

Carmen Charro representa el color, un mundo en gran medida idealizado en el que las formas pierden muchas de sus cualidades externas en beneficio de la pureza de su colorido. Tanto en los  bodegones e interiores, como en las vistas de diversos rincones y panorámicas de diversas ciudades españolas,  esta búsqueda de pureza, esta supresión del detalle perturbador dan como resultado unos cuadros siempre luminosos y vibrantes, en los que la pintora se ha dedicado a placer a la búsqueda de armonías entre colores intensos (…)

La pintura de Felipe de Madariaga es más imprecisa y se fundamenta en lo que podríamos considerar las posibilidades de alteración de la imagen por medio de técnicas fotográficas (…) Su mundo es extrañamente sintético, sus desnudos contienen una carga erótica directamente relacionada con  la fotografía, sus paisajes tienden a la bitonalidad, ciertas zonas del cuadro se desvanecen súbitamente y existe una clara intención de permanecer fiel al plano.

 

Son, en suma, dos formas de traspasar la realidad en busca del color, desde un escrupuloso respeto por la forma y por las leyes que rigen en un cuadro”.

 

Javier Rubio Nomblot

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