Energía radiante de color

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“No hay duda ninguna de que Carmen Charro ha dado otro salto enorme en su continua superación técnica y de estilo.

En verdad, pocas veces se ha visto en pintura que un tema intrascendente llame de modo tan absorbente la atención  como estos bodegones -con ventana o sin ventana- de la maestra Carmen Charro. Chapeu. Son un todo impresionante en el que cada parte proporciona su exacta aportación. El color es luz. Y esa luz y ese color exaltan las formas, realzan las redondeces de las frutas, dan consistencia casi corpórea a las flores y, por los efectos de la luz y las sombras, que imponen los propios objetos, los bordes de éstos parecen huir hacia un centro situado en el horizontes del cuadro, donde los límites de los contornos  se van haciendo más tenues y delicados a base de pinceladas fundidas, de pequeños toques, como le gustaba al maestro  Cézanne. Sí; Cézanne habría sido feliz viendo estas composiciones... Por que, además, Carmen ha rescatado algo que Cézanne amaba también mucho: la tradición volumétrica de los maestros venecianos, o más especialmente de sus estructuras poliédricas”.

 

Antonio de Santiago, crítico de arte en Correo del Arte. 

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